lunes, 9 de abril de 2012

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS DEL PARTIDO DEMOCRATA CRISTIANO VII


EL PARTIDO DEMÓCRATA CRISTIANO DECLARA SU REPUDIO:

1 Al INDIVIDUALISMO que desconoce las obligaciones del hombre para con la comunidad social y reduce la autoridad a un papel inerte de simple espectadora de los problemas sociales,
fomentando así los factores de desintegración del cuerpo político;

2 Al CAPITALISMO cuando concentra la riqueza en una minoría
excluyente, sin tener en cuenta la dignidad humana de los
trabajadores, y el carácter social de la actividad económica,
intensificando las oposiciones sociales y generando el
proletariado; lo que hace necesaria una política severa y eficaz
que reprima toda forma de prepotencia económica (monopolios,
acaparamiento, latifundio absorbente, etc.), e igualmente se
rechaza el imperialismo y el colonialismo como instrumentos
capitalistas de agresión y sometimiento internacionales.

3 Al TOTALITARISMO y a todo tipo de DICTADURA que pongan obstáculo a la libre voluntad del pueblo, que instauren
discriminaciones inhumanas por razón de sexo, raza o ideología,
que monopolicen la educación, los medios de difusión de la
cultura o las fuentes de información, que instauren una sujeción
económica con la expropiación y nacionalización generalizada de
los medios de producción, que violen la organización republicana
de la Patria con el recorte de los derechos de la persona o con la
quiebra de la limitación y división de los Poderes del Estado al
asumir un solo hombre toda la autoridad, o que prediquen un
nacionalismo agresivo que amenace la solidaridad entre los
pueblos, y su repudio también a los Partidos de organización y
prácticas totalitarias, que socavan la estructura democrática del
Estado y abren el camino a una dictadura de clase, grupo
caudillo, y a las organizaciones políticas que estén sujetas a
autoridades extranjeras o reciban consignas foráneas, y

4 Al MARXISMO, por su concepción materialista en desmedro de la dignidad espiritual del hombre, por su exaltación de lo social con prescindencia de los derechos de la personas, por la
concentración del poder económico en la autoridad política, y por
su dinámica de promoción de la lucha de clases como
instrumento de una revolución social

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